miércoles, 30 de mayo de 2012

DÍA DE CANARIAS

Canarias celebra hoy su festividad, que es además un cumpleaños, porque el 30 de mayo de 1983, una vez aprobado el Estatuto de Autonomía en agosto del año anterior, se constituyó nuestro primer Parlamento elegido democráticamente. Por tanto, son apenas veintinueve años de autonomía política, una edad, quizás la mejor edad, en la que la juventud comienza su paulatino ocaso camino de la madurez temprana.
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Pero nuestra personalidad regional (o nacional, como quieran, todo dependerá de su acepción, de su concepción), nuestra confluencia de sentimientos insulares no nació un día de mayo de 1983 ni tampoco, con la aprobación de su norma institucional básica, un día de estío de 1982, nuestro terruño adquirió la concepción de unidad, de autonomía, de sentirse un solo pueblo, realmente el 11 de julio de 1912, con la aprobación de la Ley de Cabildos. En consecuencia, pronto cumpliremos cien años de esa percepción, de ese convencimiento. Antes de esa fecha, a mi juicio, no teníamos conciencia real de región (de nación menos, por supuesto), porque nuestra mentalidad apenas sobrevolaba cada territorio insular. Creo que, hasta ese momento, éramos más una mera sucesión de islas, apiladas en medio del Atlántico y sin atisbo alguno de cohesión, que un auténtico archipiélago, más allá de referencias geográficas, donde ninguna isla valiera más que otra. Nos sentíamos, nos adivinábamos, pero no esgrimíamos un proyecto en común, formábamos más una familia por poderes que una real, en la que nos tocamos y nos abrazamos.

Solo Tenerife, Gran Canaria y La Palma disponían de representación parlamentaria, las primeras además se perdían en un pleito sin sentido que casi frustra la aspiración de vivir en común y pacíficamente, ninguna isla tenía un gobierno insular propio que le diera entidad suficiente para administrar la vida de relación de sus pueblos y para defender sus intereses en pie de igualdad ante sus hermanas y la Diputación, en fin, poco se preocupaba de los problemas isleños cuando no afectaban a la isla de Tenerife, donde radicaba.

La Ley de Cabildos de 1912 supuso la visualización definitiva de un archipiélago que no se limitaba a Tenerife y Gran Canaria, en el que islas como Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera o El Hierro disponían por fin de voz propia y no de la impostada que representaba la isla capitalina que le tocase. A decir verdad, aquella ley fue el resultado de un esfuerzo formidable por el consenso, en el que sobresalió la altura de miras de quienes intervinieron en su elaboración, y sirvió sin duda para reconocernos como un mismo pueblo, sin tachas ni discriminaciones trasnochadas. Así lo supo entender también España, bastó que posará por fin su mirada en aquel territorio y en aquel paisanaje ubicados entre brazos de mar que en lugar de separarnos nos unían más cada día.

Por eso declaro mi particular querencia por que sea el 11 de julio el verdadero día de Canarias, ya que aquella jornada de 1912 el denuedo, la lucidez y la generosidad de todas las islas, representadas por personajes como Pedro Pérez Díaz (La Palma), Manuel Velázquez (Fuerteventura), Benito Pérez Armas (Lanzarote y Tenerife), Ramón Gil-Roldán (Tenerife), Antonio Domínguez Alfonso (Tenerife y La Gomera) o Luis Morote (por Gran Canaria), permitieron que brotara en Canarias la conciencia de ser un solo pueblo más allá de piques insensatos de aparente liderazgo o de una realidad geográfica insular que no supimos explicar hasta ese momento porque -probablemente- ni nosotros mismos habíamos reparado de verdad en ella.

viernes, 27 de abril de 2012

UNA FIESTA SINGULAR

Nuestra Fiesta de la Cruz (en Santa Cruz de La Palma, la Fiesta, o el Día, es de la Cruz, en singular, y no de las Cruces, como en otra localidades) es sin duda una celebración original y genuina dentro del acervo festivo de Canarias. Sin perjuicio de otra serie de actos que contribuyen a su esplendor, los festejos que conmemoran, además, la fundación de la ciudad (1493) se bastan con el exquisito y majestuoso enrame de las cruces y con el ingenio y la inspiración en la elaboración de "mayos" para configurar una de las fiestas más interesantes y peculiares de las islas.
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Hoy, gracias a la dedicación y la iniciativa de doña Marina Duque durante casi dos décadas (entre 1982 y 1999), se ha recuperado plenamente la ingeniosa y ocurrente tradición de los "mayos", probablemente de influencia portuguesa, con antecedentes en nuestra ciudad desde el primer tercio de siglo XIX, y con los que antiguamente se anunciaba donde iba a engalanarse una cruz (téngase en cuenta que los chuscos monigotes se exhibían antes de las cruces, el 1 de mayo). Pero, junto a la explosión de los "mayos", la ciudad ha sabido también mantener, con la finura y el lucimiento precisos, la tradición común a la Fiesta del enrame de las cruces, en este caso, resultado del esfuerzo y el buen hacer de los artesanos cruceros del municipio. Esta costumbre, por cierto, hunde sus raíces en la devoción por el Lignum crucis, incorporada a nuestra ciudad por la antigua cofradía de la Vera Cruz, hermandad de disciplina fundada en el cenobio franciscano en 1558 y que se ocupaba de celebrar el día del hallazgo de la reliquia ("La Invención de la Cruz") cada 3 de mayo.

Efectivamente, la Fiesta de la Cruz (o de las Cruces) no es patrimonio exclusivo de esta ciudad. Las cruces también se enraman y engalanan en Los Realejos, en especial, en la Cruz Santa, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna -con cruces de capilla y habitación- o en Teguise incluso, que ha comenzado a recuperarla, y en multitud de localidades de la Península e Hispanoamérica. Es más, los municipios limítrofes (Breña Alta, Breña Baja y Villa de Mazo) la celebran también con igual ornato y parecidos ritos, conformando un espectáculo de singular belleza que se extiende más allá de nuestro término municipal para configurar acaso la fiesta por excelencia de una mancomunidad non nata, la del entorno de la capital de la isla.
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Las cruces se adornan con flores, frutos, papel de seda, encajes, telas, joyas..., en diseños más tradicionales o más libres, al gusto de los cruceros. Y los "mayos" (peleles rellenos de guata, muselina o papel de periódico, y adecentados con ropajes auténticos, que escenifican cualquier episodio o personaje de relumbrón) no solo los encontramos en la calle del Tanque (visita obligada), semillero de la tradición, o en la calle Guanil, en torno a la plazoleta del periodista Juan Francisco Pérez (la segunda concentración en número), sino que ya invaden, sin permiso, cualquier rincón de la ciudad, convirtiéndose durante un par de días en los verdaderos vecinos del municipio.
Nunca hubo mucha más actividades (recuerdo las carreras de sortijas, o de sacos, o las competiciones de ajedrez) en las fiestas patronales de la ciudad (en realidad, para Santa Cruz de La Palma sus fiestas "patronales" siempre fueron las de la isla: la Bajada de la Virgen), tampoco prendieron las verbenas típicas o las romerías (aunque yo sigo apostando por ellas, al menos para rentabilizar el traje de mago). Quizás lo que ocurra es que esta Fiesta no necesite de aditamento alguno. Como decía al principio: el buen gusto en el aderezo de las cruces y la gracia de los estrambóticos "mayos" se bastan para colmar la celebración.
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* Las fotos incluidas en la entrada se han tomado de www.bienmesabe.org

domingo, 22 de abril de 2012

LOS QUE VEN LO QUE OTROS NO PUEDEN VER

Observatorio Roque de los Muchachos
(La Palma)
 Gonzalo Azumendi (http://www.elpais.com/)
Hace un año dediqué una entrada a las personas amarillas. Los amarillos son, según la definición de Albert Espinosa, aquellas personas que irrumpen en nuestra vida y con los que enseguida conectamos, nos ayudan a progresar y conspiran a nuestro favor. Son, en definitiva, sujetos especiales para cada uno de nosotros.
Pero, a mi juicio, todos los amarillos no son iguales, como todos los amigos tampoco lo son. Hay una suerte de subespecie de amarillos,  aún más especiales si cabe. Estas personas no solo conectan con nosotros inmediatamente, nos inspiran una confianza casi absoluta desde un principio o disfrutan siempre de nuestra presencia, física o virtual, sino que, además, sin apenas contacto, demuestran que nos conocen más que muchos de nuestros amigos y familiares, detectan con facilidad nuestros temores y captan con aparente naturalidad nuestros sueños.
Estos amarillos especiales ven en nosotros los que otros no son capaces de ver, quizás porque también nos miran y otros apenas nos ven. Nos entienden casi sin explicarnos y nos consuelan con solo enfrentar los ojos. Pueden estar lejos, pero aún así nos sienten como si llegaran casi a tocarnos y se emocionan al escucharnos a pesar de la distancia. Descubren nuestros defectos, mas no hacen leña de ellos,  y destapan nuestras ilusiones, con la única aspiración de contribuir a hacerlas realidad.
Estas personas nunca nos juzgan, porque son acaso parte de nuestro karma. Están en este mundo para protegernos, para aliviar nuestras caídas y ayudar a levantarnos, para reforzar nuestros propósitos y divulgar con cariño nuestros éxitos. Son tipos que saben de nosotros como si nos conocieran de toda la vida. Ellos, o ellas, tienen la sensación de haberse cruzado antes en nuestro camino, quizás en otra vida, en otra dimensión tal vez.
Sorprende cómo te conocen tan bien, cuando tantos amigos y amores equivocan el diagnóstico. Son las personas con quienes más arropado y comprendido nos sentimos, porque escrutan con sabiduría nuestra alma sin apenas darnos cuenta y deciden querernos sin condiciones más allá de las apariencias. No albergan maldad alguna y se convierten en buenos amigos desde el primer instante. Si además saltan chispas con ellos, pueden ser, sin duda, los mejores amores también.

sábado, 21 de abril de 2012

TREINTA AÑOS DE UNA TEMPORADA HISTÓRICA

Real Madrid 1981-82
Aparte de la excelente trayectoria del histórico Canarias de Madrid (1943-1949), los palmeros hemos tenido casi siempre (desde Aciego en 1975) algún jugador o árbitro de la isla interviniendo en la Liga ACB o en la antigua Primera División. También, sobre todo en los últimos quince años, hemos disfrutado de algunos momentos memorables,  tanto de la U.B. La Palma (campeonatos EBA, grandes campañas en LEB o Adecco Oro...) como del C.B. Aridane o más antiguamente del extinto C.B. La Palma (fase de ascenso de Valladolid en 1976, por ejemplo). Incluso podemos vanagloriarnos de haber conseguido algunos éxitos, de menor entidad, en el baloncesto de formación. Pese a todo ello, resulta palmario que nunca al baloncesto palmero le fue tan bien como en la temporada 1981-82 .

Aquella temporada congregó en la aún denominada Primera División (la última con este nombre) nada menos que a ocho palmeros: seis jugadores y dos árbitros. Las nuevas generaciones deben tener en cuenta que, en la actualidad, ningún jugador o árbitro de la isla participa en la máxima categoría de nuestro baloncesto, la Liga ACB (y la orfandad ya dura más de diez años para los jugadores). Hoy apenas Sebas Arrocha (U.B. La Palma) representa a nuestro baloncesto al máximo nivel, pero no pasa de hacerlo en el segundo escalón de la competición, la Liga Adecco Oro.
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Aquel Canarias en el vestuario. Incluye
otro palmero: Pepe Cabrera
De aquellos seis jugadores primerdivisionarios, cuatro pertenecían a la disciplina del entonces denominado Velázquez Canarias, en su primera temporada en la máxima división, junto a los extraordinarios Larry Mcneil y Carmelo Cabrera. Eran Manolo de las Casas, Juan Méndez, Eduardo Aciego y Luis Martín Sa, un póker de ases palmeros que llevaba ya cuatro años coincidiendo en el equipo lagunero. Al Canarias lo dirigía Pablo Casado (el palmero Pepe Cabrera ejercía de eficaz secretario técnico), al que sustituiría Daniel Pintor en el último tramo de la competición, coach que, por cierto, decidiría prescindir del joven Martín Sa en beneficio de un repescado Fernando Esquivel. Por el contrario, Juan Méndez cuajaba una excelente primera mitad de campeonato (291 puntos en el total de la liga), con apenas 20 años, en la campaña de su estreno en Primera División, aunque luego -como todo el equipo- bajara sus prestaciones.
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R.C. Náutico 81-82
Con el Náutico, que comenzó entrenando José Felipe Coello (también cambiaría de entrenador y de americano: Dave Angstadt), jugó, procedente de su filial Tenerife Anaga, el saucero Juan Carlos Recuenco, convirtiéndose, por consiguiente, en el quinto palmero en disputar aquella última temporada de Primera División.  El sexto no fue otro que el junior internacional Óscar Peña, que debutó en la máxima categoría con el Real Madrid de Lolo Sainz (llegó a disputar hasta cuatro partidos con la primera plantilla blanca, que lideraba el legendario jugador bosnio Mirza Delibasic). Desgraciadamente, Náutico y Canarias terminarían por descender de categoría.
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Pedro Hernández Cabrera
Junto a esta insólita nómina de jugadores de la isla de primer nivel, aquella temporada arbitraban en Primera División los también palmeros Pedro Hernández Cabrera (el árbitro mejor valorado la temporada precedente), pareja, en esa campaña, de Puig Prat, y el colegiado de origen saucero Ángel Recuenco, que compartía labores de trencilla con el principal Lorenzo Escobar.
Selección española junior 1982

A la histórica temporada (la U.B. La Palma conseguía al menos salvar la categoría de Segunda División) le ponía broche de oro el campeonato de Canarias infantil que conseguía el Instituto La Palma de Roberto Estrello, que participaba por primera vez en un campeonato de España (Santander), y las buenas actuaciones del propio Óscar Peña, tanto en el campeonato de España junior, en el que se proclamó campeón con el Real Madrid de Clifford Luik, formando parte del mejor quinteto del torneo, junto a José Antonio Montero y Jordi Villacampa (Joventut), Juan Ramón Marrero (Inmobanco) y Rafa Vecina (Barcelona), como en el campeonato de Europa, que se disputó en Bulgaria en el verano de 1982.