viernes, 25 de febrero de 2022

LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL BALONCESTO FEMENINO EN LA PALMA

El baloncesto femenino se inició en La Palma al calor de una de las épocas de mayor esplendor del deporte de la canasta en la isla: el primer lustro de los años 40. Coincide con el nombramiento del primer delegado insular de la Federación Tinerfeña de Baloncesto, Alfredo Díaz Moreno, uno de los principales precursores del entonces basket-ball en Canarias, pues fue La Palma la isla pionera por estos lares del invento de Naismith. En esos años, se crearon representaciones femeninas de los equipos del Frente de Juventudes o el Mensajero.

Selección insular, ca. 1954

Pero es durante los años 50 cuando el baloncesto empieza, entre las mujeres palmeras, a desarrollarse con cierta consistencia. Aunque jugaron también en la plaza de Santo Domingo, fue la cancha del colegio La Palmita la que se convertiría en el centro “oficial” del basket femenino insular. Sobre 1954 se crean equipos femeninos en el Instituto y en la Academia Insular de Magisterio y Comercio, y se organiza un enfrentamiento entre una selección insular y el S.E.U. de Tenerife. A su vera, ya en 1955, se fundan las Azules de Acción Católica o las Verdes de La Palmita, que compiten entre sí. Ya tenía mérito anotar 20 puntos por partido cuando la falda te llegaba a los tobillos. En esos equipos juegan, entre otras, Violeta y Margot Campos, Blanca Nieves González Frías, Carmen Nieves de la Barreda, Maribel Arrocha, Carmen Rosa Guerra, Isabel Matos, María Fernanda Valcárcel, Mari Duque o Esperanza Ayut. Los torneos, organizados en su mayoría por la Sección Femenina, pronto incorporaron a otras formaciones de principiantes, como el Jorós o el Cinco Rosas, de los que forman parte Nieves Sánchez, Olga Amaro, Fina Duque o Pili Fernández.

Casi a mitad de los años 60, la inauguración de la Ciudad Juvenil en el antiguo convento de San Francisco, y el empuje de dirigentes como Elirerto Galván o Manuel Rodríguez Calderón, supuso un nuevo revival del baloncesto femenino en La Palma, organizándose la primera liga insular con equipos del Instituto, campeón y La Palmita (o Dominicas), que incluían versiones más modestas, como la de Los Ángeles u Olímpicas. Entre una caterva de jugadoras, mencionemos, entre muchas otras, a Teresa González, Minda Molina, Teté Daranas, Carmen Mª Pérez Sanjuán, Rosa Henríquez, Teresa y Lourdes Fernández, Mª Ángeles Galván, Pilar Acosta, Candita González, Pili Leal, Margot Castro, Milagros Galván, Calela o Ángeles Henríquez.

Dominicas juvenil, 1969

Al final de la década, será el trabajo de Meña de las Casas en el colegio dominico de La Palmita uno de los hitos más destacados, al tiempo que comenzaba la ingente labor de Marisol Van Baumberghen en el colegio Nazareth de Los Llanos de Aridane, donde no dejaba de practicarse el baloncesto desde 1966. Precisamente fueron muy  frecuentes los encuentros entre los dos colegios religiosos de la isla, en los que sobresalían jugadoras como Ana Acosta, Chucha Pérez o Piluca Álvarez. Este buen trabajo culminará con cuatro años de éxitos del baloncesto femenino insular. El primero lo consigue el equipo juvenil del colegio Dominicas en el primer Campeonato Provincial de Baloncesto femenino, organizado por la Sección Femenina durante las fiestas de mayo de 1969, y que tuvo la propia Ciudad Juvenil de Santa Cruz de La Palma como sede. La formación palmera se impondría al colegio Pureza de Tenerife por 20-13 y a la Escuela de Comercio por 21-18. Aquel histórico equipo estaba formado por Isabel Colomer, María Roca, Asunción Pérez, Consuelo Royo, Ana Acosta, Milagros Fernández, Nieves Boluda y Mari Carmen Martín. El segundo, solo un año después, se lo apuntan las infantiles del Instituto, dirigidas por Julio Plata, que repetirían la gesta venciendo a La Orotava y a las Asuncionistas de Tenerife (19-15).

Instituto juvenil, 1972

Por fin, dos años después (en 1972), y a un tiempo, serán el equipo juvenil del Instituto, dirigido por Roberto Rodríguez Estrello, y el infantil de La Palmita, preparado por Manolo Jaubert y Josefina Gutiérrez, los que obtendrían para la isla los respectivos campeonatos provinciales escolares de su categoría. En el primer equipo jugaban Fani Sanfiel, Olga Galván, Carmen Dolores Rodríguez, Viva Sánchez, Ángeles, Mari Carmen Garrido, Carmensa Sanjuán, Nieves, Concha Hernández y Nieves Bravo, y en el segundo, María Rodríguez, Fernanda Martín, Rosa Nieves, Carmen Teresa, Tensi, Conchi, Esther, Isa Ramos y Merchi.

martes, 9 de marzo de 2021




Nuevas noticias sobre el periódico La Disciplina (1905), un modelo de prensa obrerista en la isla de La Palma 

J.J. Rodríguez-Lewis

* Publicado en Actas del IV Congreso Internacional de Historia del Periodismo Canario,

 Ediciones Densura, 2021

1.    Los precedentes

Nos tenemos que remontar al semanario La Luz, dirigido por el abogado, entonces liberal, Siro González de las Casas (1856-1906) y en circulación durante los primeros meses de 1886, para encontrar la primera referencia a la cuestión social u obrera en la prensa insular.[1] A continuación, será el periódico liberal El Criterio (1886-1887), dirigido por Domingo Carmona Pérez (1854-1906), con el tiempo militando en el republicanismo, el que siguió con interés la actividad de la Unión Obrera, la primera sociedad de socorros mutuos que se constituía en La Palma.[2] Con todo, las primeras denuncias sobre la situación de la clase trabajadora no las vamos a encontrar hasta que ve la luz El Grito del Pueblo (1895-1899), bajo la dirección ya del tipógrafo Manuel Pestana Henríquez (1867-1949), periodo en el que pasó a subtitularse como «periódico político democrático»[3], aunque la primera cabecera obrerista va a ser El Fiscal (1900-1902), el primer proyecto periodístico de Anselmo J. Guerra Cabrera (1875-1959), que asumió la cuestión obrera como contenido temático capital en su línea editorial y abanderó la campaña para la constitución de la Asociación Gremial de Obreros de La Palma. Por fin, con el carácter de prensa obrerista (que no obrera), saldrán, en primer lugar, El Grito del Pueblo, en su segunda época (1902-1905), que asumiendo sin fisuras el ideario republicano se reconoce en la cabecera como «defensor de la clase trabajadora», y, en segundo lugar, La Voz del Obrero (1902-1904), antecedente inmediato de La Disciplina, en este caso desde planteamientos más próximos al socialismo cristiano. No sorprende que ambos proyectos los lideraran Manuel Pestana y Julián Guerra, redactor-jefe y director de El Fiscal, respectivamente, dos amigos que solo separaron sus trayectorias en el mundo del periodismo por diferencias de criterios.

2.    Cuestiones generales

La Disciplina es un periódico que circula en 1905 durante unos meses a partir del 18 de enero. Hasta hace poco tiempo no se había localizado ningún ejemplar, aunque su existencia estaba corroborada no solo por Maffiote, Lorenzo y Régulo, sino por su propio director en vida[4], así como por otras referencias indirectas[5]. El propio Régulo, en una nota al margen del registro, reconoce que «ni su director, que aún vive (1948), ni ninguna otra persona ha sabido indicarlos dónde pueda consultarse siquiera un ejemplar». Sin embargo, recientemente, hemos encontrado tres números de esta publicación en la hemeroteca de la Biblioteca Municipal de La Orotava[6]. Con seguridad, este periódico de la isla de La Palma (junto a otros muchos) formaba parte de la colección adquirida en 1983 por el Ayuntamiento (de fondos bibliográficos y hemerográficos), que fue propiedad del periodista palmero Antonio Lugo Massieu (1880-1965), ilustre director de la revista El Campo y entonces director de El Regional (a quien iba dirigido el ejemplar), que residió gran parte de su vida en la histórica villa del norte de Tenerife.

La Disciplina se proclama órgano de la sociedad escolar de obreros de La Palma y fue el tercer proyecto de prensa obrerista, de raíz católica, de Anselmo J. Guerra Cabrera, tras El Fiscal (1900-1902) y La Voz del Obrero (1902-1904), que cesa solo un año antes de que viera la luz La Disciplina. Como este periódico pretendía salir los miércoles, y el primer número que se conserva es el número 3 y corresponde al día 8 de febrero de 1905, es más probable que el primer número saliera el 25 de enero y no el 18[7].

El periódico se estampa en la imprenta de El Grito del Pueblo, que regenta, desde su fundación en 1902, Manuel Pestana Henríquez (1867-1949), buen amigo del director, con quien había compartido la edición del bisemanario El Fiscal, y al que ya le había editado La Voz del Obrero. Por Maffiotte (confirmado por Régulo) sabíamos que se editaba con cuatro páginas (con un formato de 19,5x28,5cm), con pauta a tres columnas, y con periodicidad semanal. Una vez hemos visto los números conservados, podemos confirmar que efectivamente se trata de un semanario, que sale los miércoles (aunque ya tanto el número 4 como el 5 se publican con retraso, el primero en viernes y el segundo en jueves), aunque su formato correcto es un poco mayor que el consignado hasta ahora: 24x32cm. La administración se encuentra en la calle Simonica (hoy A. Cabrera-Pinto), número 18, y la redacción en la calle Álvarez de Abreu, número 33 (sede de la imprenta), pero la dirección que se señala es la particular de don Julián, calle Mataviejas, número 3. El precio de la suscripción mensual es de 50 céntimos, el más económico de entonces, aunque también se vende el número suelto a 15 céntimos. Por regla general, y por el carácter menesteroso de sus destinatarios, los periódicos obreros solían ser los más baratos del mercado.

3.    La estructura

La única sección fija que observamos en la publicación es el habitual breviario de gacetillas, noticias y sueltos, rotulado como «Crónica general» (incluye conferencias, nombramientos, mítines, bailes, fallecimientos, revista de prensa, sucesos, información social –Amor Sapientae, La Dramática, Nuevo Club, Benahoare–, etc.), por regla general ubicado en la tercera página, que alcanza también parte de la cuarta. Las dos primeras páginas son básicamente de opinión, con algunos artículos y crónicas, que firman, entre otros, el poeta Antonio Hernández Capote (1868-1926), que fue redactor-jefe de La Justicia (1898-1899), el conocido periodista, prototipo de la bohemia, Joaquín Dicenta [Benedicto] (1862-1917), y los que lo hacen bajo los seudónimos Magueyfe o Jobero. También se incluyen textos literarios, suscritos por A.F. (¿Antonio Fernández Pérez?) o R. (un poema) y Perdigón (un cuento). Para la publicidad, que se oferta a precios convencionales, se reserva, como en otros periódicos, la última página. Pero es escasa, y apenas incluye los anuncios de pequeños establecimientos: Establecimientos de ultramarinos y ferretería de Miguel García y Hermano, panadería La Corona (y la harina del mismo nombre), las clases de francés e inglés de don Baldomero Cerviá Noguer (1871-1955) y la consulta del Manuel Reyes Díaz (1869-1922) como cirujano-dentista[8], sin presencia, por lo tanto, de los dos grandes anunciantes de la época: los comerciantes y consignatarios Juan Cabrera Martín e Hijos de Juan Yanes. En realidad, tampoco nos extraña. Es más, La Voz del Obrero, el anterior proyecto de prensa obrerista de Guerra Cabrera, no admitía publicidad. Téngase en cuenta que, como divisa, la prensa obrera consideraba con desdén la competencia con el lector y el anunciante[9].

4.    Orientación política y línea editorial 

La Disciplina, pues, es un periódico obrerista, en la línea de La Voz del Obrero (herederos ambos de El Fiscal) al que viene a sustituir y en la órbita del socialismo cristiano (más que del catolicismo social) y de la prensa social-cristiana que representará siempre Julián Guerra. Y decimos bien obrerista, y no obrero, porque la  prensa obrerista, a diferencia de aquella, es la que, aunque trata de temas obreros, quiere dirigirse a ellos y defiende sus intereses, no está hecha desde sus posiciones de clase, esto es, no está hecha por los propios obreros.[10]

El semanario se autoproclama órgano de la sociedad escolar de obreros de La Palma, de la que su director es presidente, y que es una asociación instructiva fundada en Santa Cruz de La Palma en 1902 con el propósito de crear escuelas de instrucción primaria gratuitas para hijos de obreros (que inauguran en 1903), organizar conferencias y fundar un periódico y una biblioteca. A su junta directiva pertenecen algunos de los periodistas más distinguidos de la isla de ideología socialista o republicana: Antonio Fernández Pérez (subdirector), Luis F. Gómez Wangüemert (vocal 1º), Domingo Acosta Guion (vocal 2º), Pedro Rodríguez y Rodríguez (secretario) o Hipólito Pestana Henríquez (vicesecretario)[11], que probablemente colaboren en el periódico. Por lo tanto, más que una sociedad fundada por obreros es, como ellos mismos reconocen, una sociedad creada por «varios amigos entusiastas y defensores de la noble causa del proletariado, […] que tiene por objeto la enseñanza gratuita de la clase obrera».[12]

La Disciplina intenta mantener cierta independencia de los partidos políticos, o cuando menos sostener una relación cordial con todos, divisa que caracteriza los proyectos periodísticos de Guerra Cabrera. De ello es buena muestra la designación al mismo tiempo como socios de mérito de la sociedad de Francisco Abreu y García (1861-1912), liberal, Alonso Pérez Díaz (1876-1941), republicano, y Manuel Lorenzo Mendoza (1872-¿), conservador[13], casualmente o no, a partir de 1911, hermanos masones en la logia Abora nº 331[14]. En cualquier caso, esta posición no implicaba desinterés alguno respecto de la política, puesto que el llamamiento a la clase obrera para que participe en ella y no se mantenga al margen, será una de las constantes de su línea editorial:

Es necesario, trabajadores, que todos, pero absolutamente todos, dejemos esa apatía o indiferencia que sentimos hacia la política.

Debemos abrir los ojos a la verdad; el permanecer por más tiempo en la obscuridad y la incertidumbre, en lo que a la política se refiere, sería un crimen que nuestros hijos no deben perdonar.

Con la política logrará el obrero que haya escuelas, con buenos maestros y mejor pagados; logrará que las contribuciones que pesan sobre nosotros vayan sobre los ricos, y hará que se les legisle mejor; que las leyes no tengan dos caras, una para nosotros y otra para ellos; alcanzará leyes que reglamenten las horas de trabajo, y otra porción de cosas muy necesarias, que, mientras vivan en la indiferencia, no podrán alcanzar.[15]

Los contenidos, por fin, incluyen fundamentalmente información obrera y local. Se exhorta la participación política del obrero, se promueve la instrucción de este, para lo que se pretende crear un centro instructivo, y se llama a la juventud obrera a que acuda a ese centro instructivo obrero, porque a través del mismo, del libro y del periódico, puede conseguir su emancipación.

La juventud obrera de esta Ciudad es la llamada por medio de sus generosos impulsos á servir de sostén al Centro Instructivo, para recibir en él la instrucción necesaria de que carece y después llevar al hogar doméstico el convencimiento pleno de los beneficios que reporta a la clase la emancipación de las mismas.

Vengan todos los obreros al Centro Instructivo, reciban allí el pan del alma, y con seguridad veremos muy pronto la inercia y el desaliento trocados en actividad y esperanza y después la emancipación de los que sufren pacientemente el férreo yugo de los explotadores de nuestro trabajo.[16]

Entre el resto de las informaciones, nos encontramos con artículos sobre el alto precio del azúcar, pese a los ingenios y trapiches existentes en la isla, por los tejemanejes de la Compañía Arrendataria de Puertos Francos, los casos de difteria y la necesidad de que el ayuntamiento adquiera suero antidiftérico (reproducido de El Grito del Pueblo) para atender a los más menesterosos, para lo que se abre asimismo una suscripción, el alumbrado público (dirigido a la sociedad El Electrón), porque se apaga muy temprano, así como otros señalando a la envidia como culpable de la falta de progreso y de trabajo para los obreros en la isla o criticando al ayuntamiento por no dejar la escuela pública para la celebración de una conferencia de obreros. También incluye algunas crónicas sobre un mitin de Unión Republicana o un concurso de suelta de palomas menejeras, así como información sobre las bases de un concurso organizado por el Nuevo Club. En el ámbito internacional, puede citarse como particulares hechos noticiosos la claudicación de Puerto Arturo en la guerra ruso-japonesa o el denominado «Domingo sangriento» de San Petesburgo, una matanza de obreros que se manifestaban pacíficamente ante el Palacio de Invierno, residencia del zar Nicolas II, perpetrada por la guardia imperial rusa y ocurrida el 22 de enero de 1905 (La Disciplina da cuenta de esta noticia un mes después).

5.    Anselmo Julián Guerra Cabrera 

Julián Guerra, como era conocido, nace en Breña Alta el 22 de enero de 1875[17]. Maestro a la sazón, pues regentaba la escuela privada de niños de la sociedad El Amparo del Obrero, fue uno de los periodistas más destacados de la isla en el primer tercio del siglo xx[18], como baluarte de un periodismo obrero y católico, reflejo de su frustrada vocación sacerdotal. Después de dar sus primeros pasos como redactor de La Justicia, el semanario dirigido por Luis Méndez Franco, funda y dirige El Fiscal (1900-1902), La Voz del Obrero (1902-1904), La Disciplina (1905) y El Porvenir del Obrero (1907-1909), órgano de la sociedad de este nombre. En 1915 dirige la La Antorcha del Obrero (1915), que es el primer periódico que se distribuye en la localidad de su nacimiento. Más tarde, funda y dirige Regeneración Palmera (1926-1929), Acción Social (1931-1933), mientras fue semanario, y Patria y Letras (1934), órgano de las asociaciones católicas obreras y estudiantiles de la isla. Con todo, Julián Guerra fue más un gestor de periódicos que un redactor o columnista. Siempre en la vanguardia obrera en la isla, fue presidente de la sociedad escolar de obreros de La Palma (1902), vicepresidente de la sociedad El Amparo del Obrero (1903) y presidente y fundador de la sociedad El Porvenir del Obrero más de dos décadas (desde 1907 en adelante). En el ámbito de la educación, fue miembro de la junta directiva de la Asociación del Magisterio de la isla. Fallece en Santa Cruz de La Palma el 27 de enero de 1959[19]. 


[1] «La cuestión social». La Luz (Santa Cruz de La Palma, 16 de marzo de 1886), p. [1].

[2] «Sección provincial». El Criterio (Santa Cruz de La Palma, 8 de agosto de 1886), p. [2].

[3] Véase Macías Martín, F. J., Prensa y nacimiento del movimiento obrero en Canarias. El caso de La Palma: El semanario La Voz del Obrero (1902-1904), Ediciones Baile del Sol, Islas Canarias, 2001, pp. 38-61.

[4] Maffiotte La Roche, L. (1905-1906), tomo iii, p. 99 [n. 442]; Régulo Pérez, J. (1948b), n. 50, p. 371; Lorenzo Rodríguez, J.B. (2000), v. iii, p. 410; Poggio Capote, M. (2017a), p. 460.

[5] Esta dirección la confirma el nº 71 de Germinal. «Una conferencia». Germinal (Santa Cruz de La Palma, 2 de febrero de 1905), p. [2]. Dan cuenta del nacimiento del periódico, entre otros: El Tiempo (Santa Cruz de Tenerife, 27 de enero de 1905), Diario de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife, 27 de enero de 1905), La Opinión (Santa Cruz de Tenerife, 27 y 28 de enero de 1905), El Progreso de Canarias (Santa Cruz de Tenerife, 3 de febrero de 1905), Las Canarias (Madrid, 4 de febrero de 1905) y El Grito del Pueblo (Santa Cruz de La Palma), 4 de febrero de 1905.

[6] La biblioteca municipal de La Orotava lleva desde 2009 (en el que se ratifica un acuerdo plenario del Ayuntamiento de 1979) los nombres del matrimonio formado por Fernando del Hoyo-Solórzano y Laura Salazar, sus principales donantes.

[7] El último número conservado es el número 5, de fecha 23 de febrero de 1905.

[8] En realidad, tanto Baldomero Cerviá como Manuel Reyes Díaz eran dos compañeros de profesión periodística, y probablemente amigos de don Julián, Reyes Díaz también impresor en la extinta imprenta La Lealtad.

[9] Cruz Seoane, María & Saiz, María Dolores, Cuatro siglos de periodismo en España, Alianza Editorial, Madrid, 2010, p. 132.

[10] Tuñón de Lara, Manuel, «Prensa obrera e historia contemporánea», en VV.AA., Prensa obrera en Madrid 1855-1936, Comunidad de Madrid / Revista Alfoz, Madrid, 1987, pp. 24-25.

[11] El resto de la junta directiva lo compone: Juan Martín Lorenzo (vocal 3º), Leopoldo Fernández Sicilia (administrador) y Miguel Perera Pérez (bibliotecario). «La Junta Directiva de la Sociedad Escolar de Obreros de La Palma». La Voz del Obrero (Santa Cruz de La Palma, 2 de enero de 1903), p. 2.

[12] «A los obreros de La Palma». La Voz del Obrero (Santa Cruz de La Palma, 25 de diciembre de 1902), p. [1].

[13] «Isla de La Palma». La Opinión (Santa Cruz de Tenerife, 7 de diciembre de 1905), p. [1].

[14] De Paz Sánchez, M., (1998), pp. 335-336. Julián Guerra tenía un hermano que había sido masón en la logia Abora nº 91 (1889), Antonio Guerra Cabrera, propietario.

[15] «El todo». La Disciplina (Santa Cruz de La Palma, 8 de febrero de 1905), p. [1].

[16] «Emancipación». La Disciplina (Santa Cruz de La Palma, 17 de febrero de 1905), p. [1].

[17] Bdablp [1895-1900]. Aglp.

[18] Y para Poggio Capote, «uno de los intelectuales más activos en Santa Cruz de La Palma durante el primer tercio del siglo xx».

[19] Poggio Capote, M. (2017a), p. 196; Izquierdo [Pérez], E. (2005), tomo ii, pp. 114-115; Hernández Rodríguez, A., «In memoriam / Don Anselmo Guerra Cabrera». Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma, 3 de febrero de 1959), p. 2. Certificación de defunción. Registro civil de Santa Cruz de La Palma: libro 001417, tomo 0042, folio 079.

miércoles, 12 de febrero de 2020

PANCHO MARTÍN (1933-2020)

Francisco Martín Hernández, más conocido como Pancho o Panchito Martín (Santa Cruz de La Palma, 1933), fue la figura más destacada del baloncesto palmero durante casi tres décadas, primero como jugador y luego como entrenador y directivo.

Pancho Martín se convirtió pronto en el jugador más determinante del histórico Frente de Juventudes, el principal club palmero de los años cincuenta, que presidía su amigo Jaime García y García, cuando el baloncesto se centralizaba, después de muchos problemas con la cancha de juego, en la plaza de Santo Domingo. El Arsenal de un más talludito Elirerto Galván (también fallecido recientemente) era su principal adversario, entre otros equipos como la Peña Tajurgo, el Batallón o el Tenisca. Aquel equipo contaba, entre otros, con Idafe Santiago, Juan Hernández Chaleca, Lalo Pinto, Chachín Arozena, Manolo Cantillo, Pedro Miguel Santiago, Ernesto Zanoletty, Félix Poggio, Agustín Francisco, Blas Vandewalle o Ramón Acosta. 

Todavía se recuerdan sus memorables actuaciones, con apenas 20 años, ante el Náutico y el Canarias en el verano de 1953, que concluyeron con sendas victoria de los jóvenes palmeros (35-34 y 43-33, respectivamente), o contra el Náutico, ahora mucho más bregado, en el verano de 1960, ya con 27 años, representando a una selección de la isla, con la participación del mítico Antonio Díaz-Miguel. En esta época, en la que el Frente de Juventudes seguía ganando casi todas las competiciones (final insular contra el Aridane en 1960), la plantilla había incorporado a jugadores como Juan de la Barreda o Miguel Hernández, aunque continuaban pilares como Idafe, Pedro Miguel, Chachín o Manolo Cantillo. Era la primera liga verdaderamente insular (Rápido, San Fernando, Cervantes, Jorós, Comercio Arsenal).

Finalmente, ya en la Ciudad Juvenil (que también le debe mucho), en la temporada 1964-65, Martín terminará jugando en el San Fernando, campeón tres campañas seguidas, compartiendo galones con un imberbe Julio Plata, y donde también habían recalado Manolo Duque, Roberto Arozena, Miguel Hernández o Agustín Francisco.

Pero Pancho fue quizás más importante como entrenador que como jugador. Había comenzado también en los años cincuenta, dirigiendo a los juveniles del Frente de Juventudes. Ya en la década siguiente entrena al Instituto femenino (entre 1962-1965) y al San Fernando, conjunto que jugaría la primera eliminatoria por el ascenso a Segunda División en 1966, en enfrentamiento a doble vuelta contra el Náutico B. La plantilla incluía a Julio Plata, José Emilio, Manolo Jaubert, Jorge Morera, Paco Ayudarte, Juan de la Barreda, Carlos Martín o Isidoro Ramón.

Aun así, su principal contribución al baloncesto palmero será, sin duda, el Club Baloncesto La Palma, club creado en 1967 por Martín (y varios de sus amigos), que inaugurará, con su participación en la Tercera División Nacional en la temporada 1967-68, una nueva etapa de la historia del baloncesto insular (el primer club de la isla en participar en las ligas provinciales y regionales).

Pancho Martín dirige a la escuadra palmera durante nueve de sus diez temporadas de vida; pues solo fallará en la campaña 1974-75, en la que consigue hacerse con los servicios de Moncho Monsalve como preparador, hecho que se convertiría en otro punto de inflexión del baloncesto insular. Pero Martín siempre sería mucho más que un mero entrenador en el club que presidía su amigo Manolo Pérez Cantillo, en el que figuraba como vicepresidente, además de otros amigos, o su mujer, que siempre actuó como un vocal más del club.

El C.B. La Palma jugará cuatro temporadas en categoría provincial (Tercera División, Trofeo Padre Millán) –con dos títulos de campeón (67-68 y 73-74) y otros dos de subcampeón (tres ascensos) y seis en la competición regional (Segunda División, Trofeo Gonzalo Aguirre, o Tercera a partir de la temporada 1975-76), con el campeonato de la temporada 1975-76 (y dos meritorios 4º puestos: 70-71 y 76-77).

Entre los jugadores de la primera etapa, nos acordamos, entre otros, de Julio Plata, Carlos Martín, Manolo Jaubert, José Emilio de la Cruz, Emilio y Nono Guardia, Paco Ayudarte, Tino García, Carlos Bravo, Ramón Betancor, Rosendo Carballo o Juan Antonio Bermejo.

martes, 21 de mayo de 2019

SOBRE EL LIBRO-AUDIO "SIETE PÓCIMAS PARA QUE TU ALMA SONRÍA", de Ana Isabel Núñez Palacin


No es cuestión de magia aunque lo parezca. Son siete pócimas para que tu alma sonría, para que tu alma se recargue, haga un alto en camino y afronte nuevos desafíos. Tiene algo de alquimia, sí, y la autora se reconoce como bruja, pero es más simple que todo eso. 

Ana Isabel Núñez, con la colaboración de Andrés del Campo en el hilo musical, crea para ti la isla perfecta. Ese lugar que sirve de refugio para buscar en tu interior y encontrarte con el niño/a que un día fuiste y que, probablemente sin darte cuenta, otro día, ya lejano, dejaste ir y no has vuelto a descubrir. Y reconocerlo te permite encontrar más fácilmente el buen amor, aquel que, en palabras de Alex Rovira, se define en tres ejes: comprender, cuidar e inspirar.


Las pócimas te ayudan, mientras meditas, a aceptar el rencor para superarlo y a estimular la creatividad, porque todos tenemos un rincón donde descansa la creatividad y los talentos escondidos, solo necesitamos valorarnos lo suficiente y conocer nuestro propósito, eso que en sánscrito llaman “dharma”. Ana Isabel construye con su voz, sus palabras y su cadencia el escenario adecuado para darnos cuenta de que podemos convertir nuestros miedos en oportunidades, para reconocer que podemos mejorar trabajando nuestro cuerpo, pero sobre todo trabajando nuestra mente, gestionando con acierto nuestras emociones y nuestros pensamientos.

El audio-libro (porque es más audio que libro, y deja más poso) se descarga en el móvil sin dificultad. Luego son suficientes algunos aceites esenciales y un lugar tranquilo en nuestra casa, en el campo o en la playa para disfrutar de él. Son siete meditaciones guiadas que permiten iniciarse en el mindfulness, tan en boga en la actualidad. Les aseguro que con ellas recuperaremos gran parte de la energía que tanto la vida delirante que llevamos como otras personas nos quitan. 

De resto, bastará con recordar que es un producto Balnea, y que ya solo por eso tiene alma. Muy recomendable.