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jueves, 8 de diciembre de 2022

EL BALONCESTO FEMENINO EN LA PALMA (III): PROMOCIÓN DEPORTIVA Y LIGAS SÉNIOR (1985-1997)

La segunda mitad de los ochenta y la década de los noventa es la época, aunque con altibajos, de la definitiva consolidación del baloncesto femenino en la isla. Aparte de su presencia ininterrumpida en la competición de verano, el impulso de la promoción deportiva pública y de algunos dirigentes federativos, como Andrés Pérez Ortega o Pedro Hernández Cabrera, consiguen que las competiciones femeninas se asienten y compartan, por momentos, su natural evolución con las masculinas. La promoción deportiva, liderada por el cabildo insular, garantizó los torneos de base: cadetes, infantiles y alevines; y la Delegación y luego la Federación la organización durante algunos años de ligas sénior insulares. En este apogeo del basket femenino en la isla, fueron coadyuvantes fundamentales los trabajos de base desarrollados, primero, por Félix Delgado en el colegio La Palmita (Dominicas) y Juan Antonio Morales en el Instituto Alonso Pérez Díaz y, más tarde, por José María Sicilia en Breña Baja, entre muchos otros entrenadores que, en invierno o solo en verano, apostaban por el baloncesto femenino (el incombustible Roberto Rodríguez Estrello, José Ángel Castro, Jorge de la Torre, Santi Pérez, Juan José Rodríguez, Toni Rodríguez Medina, Néstor Pérez, Luis Reyes, Fernando Peña, Albino Cabrera, José Carlos Pérez, y alguna entrenadora que se estrenaba en estas lides, como Cuchi López). También es un periodo en el que descubrimos a las primeras árbitras de nuestra microhistoria, como Belkys Pérez, Tere o Marlene Rodríguez.

Pese a todo, en esta década larga de temporadas sólo pudo organizarse la liga sénior femenina (por lo general, con la categoría de segunda división autonómica) en cuatro ocasiones: 1988-1989, 1992-1993, 1993-1994 y 1996-1997. El Argual Alcorac, que dirigía Toni Rodríguez Medida, fue el primer campeón. En realidad, era la primera liga sénior femenina federada que se organizaba en la isla (en la temporada 1978-1979 hubo un primer intento que parece no haber fraguado, al menos con Juventud Pivot y Ucla). Aquel fue un torneo muy competido, aunque con apenas cuatro equipos (Argual Alcorac, I. Alonso Pérez Díaz, U.B. La Palma y Atlético Paso). Se resolvió en un play-off al mejor de tres partidos con el I. Alonso Pérez Díaz, que entrenaba Juan Morales, como adversario de las aridanenses. Apuntemos algunas de las jugadoras de entonces: Joanna Acosta, Pili Martín, Ana Acosta, Lourdes Cáceres, Carmen Concepción, Cuchi López, Evelyn Sanjuan, Eva Morales, Goretty Pérez, Aci Barella, Isabel Sicilia, Lidia Acosta, Noelia Castro, Débora Lorenzo, Pilar Montesdeoca, Susana de Paz, Mayte Rodríguez, Begoña Negrín, Esther Martín Sa, Nuria Cabrera, Raquel Rodríguez o Rosa López. La siguiente temporada (1989-1990) el equipo de Los Llanos sería también el primer equipo palmero en jugar en la liga canaria de Primera B femenina.

La competición de las temporadas 1992-1993 y 1993-1994 fueron cosa ya del Breña Baja Nolasco, que preparaba José María Sicilia. Realmente, este club dominó el baloncesto insular durante la primera mitad de los años noventa, desde su primer entorchado en categoría infantil en la temporada 1989-1990 (subcampeones de Canarias en esta categoría en 1992). En ambos torneos, fue el Instituto La Palma de Roberto Estrello su principal alternativa. En la primera liga participaron también la U.B. La Palma de Cuchi López, el APA Alonso Pérez Díaz de José Carlos Pérez y el C.B. Los Llanos-Centro Color de Josema Ramos. 


La segunda ya acabó con la participación del C.B. Breña Baja en la fase final provincial, que le enfrentó, en partido semifinal, al potente Hogar Escuela de Santa Cruz de Tenerife. En aquel exitoso Breña Baja jugaban, entre otras, María Mosquera, Elena Rodríguez, Mari Paz, Cristina Hdez. Carnicer, Gemma Felipe, J. María, Tania, Alicia, Cristina G., Teresa, Sonia, Vanesa o Momy. Algunas integrantes, como Elena Rodríguez, María Mosquera o Cristina Hernández, terminaron jugando en el primer (en Primera División) o segundo equipo del Cepsa Tenerife entre 1994 y 1997. De entre el resto de equipos, mencionemos, con mero carácter enunciativo, a María Cobiella, Elena, Judith, Caloy, Jaira, Rosa Hernández, Montse, Ely, Tere, Sonia Lorenzo, Cuchi López, Cubi, Carmen Brito, Cristina, Elena Cabrera, Lourdes, Guti González, Maisa Cabrera, Vanesa Arrocha o Leire González.

Por fin, la última liga sénior que se disputó en este periodo fue la correspondiente a la temporada 1996-1997, también extremadamente disputada. El campeón fue el I. Alonso Pérez Díaz (con un plantel en el que predominaban ex Santo Domingo de Guzmán), pero fue el subcampeón, Puenting Unelco, que lideraba Cuchi López, que lograría plaza en la Primera B autonómica y jugaría, sin éxito, el campeonato de Canarias ante el Cepsa Tenerife y Goymar (cediendo el segundo puesto por apenas dos puntos). Tercero de la liga insular fue el Globe Tazacorte, que contaba con González, la máxima anotadora del torneo. En esta competición también participaron Aridane Alupalma, Escuela Municipal y Sauces Cupalma.

Mientras, en las categorías de promoción deportiva dominaban los equipos entrenados por Félix Delgado, Juan Antonio Morales o José María Sicilia: I. Alonso Pérez Díaz (en varias ocasiones), Escuela Deportiva La Palma, FAPA Benahoare-Sector Sur, Escuela de Baloncesto La Palma (1989-1990 y 1990-1991), San Antonio o José Pérez Vidal en cadetes; Santo Domingo de Guzmán (varias veces), Escuela Deportiva La Palma, San Antonio, El Puerto-Juan XIII y José Pérez Vidal en infantiles; y Santo Domingo de Guzmán (varias veces), Manuel Galván de las Casas, El Puerto, Puntallana o José Pérez Vidal en alevines; con subcampeonatos para los colegios El Roque, El Paso o A.P.B.

Pero quizás, como venía siendo habitual, era la competición de verano el torneo más disputado de todos, porque con las jugadoras que regresaban a la isla por estas fechas, el nivel crecía. El torneo veraniego (José Luis Acosta Rodríguez) se inauguró en las canchas del Instituto Alonso Pérez Díaz con la victoria del Retorno en 1984. Luego vinieron los triunfos del Pérgola Cantú (Matita, Pilar, Luisa, Sany, Mariela, Inés, Sandy, Maite), Banco di Plaza y Juventud, antes de que llegara el rodillo que impuso el Aquí Estoy (Rare o Coansa Seat) de Santi Pérez/Julio García (Conchi, Susana de Paz, Maite Rodríguez, Mari Govantes, Aci Barella, Cuchi López, Tere, Guti González, Cristina H. Ramírez, Esther, Mave, Maisa, Jaira, Lourdes…), campeonas en cinco ocasiones (cuatro consecutivas, entre 1988 y 1991, y 1993). 

La competición de 1992 se la apuntó la Escuela de Baloncesto Deportes Pivot, que entrenaba Fernando Peña (Elena, Caloy, Jaira, Fani, Montse, Rocío, Cristina, Rosa). Finalmente, José María Sicilia y su Breña Baja Deportes Pivot (con el grupo del equipo federado, liderado por Cristina Hernández), se adjudicaron las ediciones de 1994 y 1995 y el Flash Puenting las de 1996 y 1997. Durante varios años, Encarnación Asocult (con Tere  Sonia y María José Martín, entre otras), Alameda Friger (Esther, Nuria, Begoña, Maisa...) o Tocuyo (con Ana, Carmen Brito, Evelyn Sanjuan, Goretti Pérez…) fueron unos dignos outsiders de estos equipos. Aún en los primeros años (1986 y 1987) se mantuvo el torneo infantil, con victorias de Escuela 73 y Garafía C,  y en Los Llanos también hubo competición femenina algunos años (Lady Cakes, campeón en 1993).

*El número de jugadoras en esta época resulta interminable, así que ruego perdonen al cronista las que no se mencionan.

martes, 9 de marzo de 2021




Nuevas noticias sobre el periódico La Disciplina (1905), un modelo de prensa obrerista en la isla de La Palma 

J.J. Rodríguez-Lewis

* Publicado en Actas del IV Congreso Internacional de Historia del Periodismo Canario,

 Ediciones Densura, 2021

1.    Los precedentes

Nos tenemos que remontar al semanario La Luz, dirigido por el abogado, entonces liberal, Siro González de las Casas (1856-1906) y en circulación durante los primeros meses de 1886, para encontrar la primera referencia a la cuestión social u obrera en la prensa insular.[1] A continuación, será el periódico liberal El Criterio (1886-1887), dirigido por Domingo Carmona Pérez (1854-1906), con el tiempo militando en el republicanismo, el que siguió con interés la actividad de la Unión Obrera, la primera sociedad de socorros mutuos que se constituía en La Palma.[2] Con todo, las primeras denuncias sobre la situación de la clase trabajadora no las vamos a encontrar hasta que ve la luz El Grito del Pueblo (1895-1899), bajo la dirección ya del tipógrafo Manuel Pestana Henríquez (1867-1949), periodo en el que pasó a subtitularse como «periódico político democrático»[3], aunque la primera cabecera obrerista va a ser El Fiscal (1900-1902), el primer proyecto periodístico de Anselmo J. Guerra Cabrera (1875-1959), que asumió la cuestión obrera como contenido temático capital en su línea editorial y abanderó la campaña para la constitución de la Asociación Gremial de Obreros de La Palma. Por fin, con el carácter de prensa obrerista (que no obrera), saldrán, en primer lugar, El Grito del Pueblo, en su segunda época (1902-1905), que asumiendo sin fisuras el ideario republicano se reconoce en la cabecera como «defensor de la clase trabajadora», y, en segundo lugar, La Voz del Obrero (1902-1904), antecedente inmediato de La Disciplina, en este caso desde planteamientos más próximos al socialismo cristiano. No sorprende que ambos proyectos los lideraran Manuel Pestana y Julián Guerra, redactor-jefe y director de El Fiscal, respectivamente, dos amigos que solo separaron sus trayectorias en el mundo del periodismo por diferencias de criterios.

2.    Cuestiones generales

La Disciplina es un periódico que circula en 1905 durante unos meses a partir del 18 de enero. Hasta hace poco tiempo no se había localizado ningún ejemplar, aunque su existencia estaba corroborada no solo por Maffiote, Lorenzo y Régulo, sino por su propio director en vida[4], así como por otras referencias indirectas[5]. El propio Régulo, en una nota al margen del registro, reconoce que «ni su director, que aún vive (1948), ni ninguna otra persona ha sabido indicarlos dónde pueda consultarse siquiera un ejemplar». Sin embargo, recientemente, hemos encontrado tres números de esta publicación en la hemeroteca de la Biblioteca Municipal de La Orotava[6]. Con seguridad, este periódico de la isla de La Palma (junto a otros muchos) formaba parte de la colección adquirida en 1983 por el Ayuntamiento (de fondos bibliográficos y hemerográficos), que fue propiedad del periodista palmero Antonio Lugo Massieu (1880-1965), ilustre director de la revista El Campo y entonces director de El Regional (a quien iba dirigido el ejemplar), que residió gran parte de su vida en la histórica villa del norte de Tenerife.

La Disciplina se proclama órgano de la sociedad escolar de obreros de La Palma y fue el tercer proyecto de prensa obrerista, de raíz católica, de Anselmo J. Guerra Cabrera, tras El Fiscal (1900-1902) y La Voz del Obrero (1902-1904), que cesa solo un año antes de que viera la luz La Disciplina. Como este periódico pretendía salir los miércoles, y el primer número que se conserva es el número 3 y corresponde al día 8 de febrero de 1905, es más probable que el primer número saliera el 25 de enero y no el 18[7].

El periódico se estampa en la imprenta de El Grito del Pueblo, que regenta, desde su fundación en 1902, Manuel Pestana Henríquez (1867-1949), buen amigo del director, con quien había compartido la edición del bisemanario El Fiscal, y al que ya le había editado La Voz del Obrero. Por Maffiotte (confirmado por Régulo) sabíamos que se editaba con cuatro páginas (con un formato de 19,5x28,5cm), con pauta a tres columnas, y con periodicidad semanal. Una vez hemos visto los números conservados, podemos confirmar que efectivamente se trata de un semanario, que sale los miércoles (aunque ya tanto el número 4 como el 5 se publican con retraso, el primero en viernes y el segundo en jueves), aunque su formato correcto es un poco mayor que el consignado hasta ahora: 24x32cm. La administración se encuentra en la calle Simonica (hoy A. Cabrera-Pinto), número 18, y la redacción en la calle Álvarez de Abreu, número 33 (sede de la imprenta), pero la dirección que se señala es la particular de don Julián, calle Mataviejas, número 3. El precio de la suscripción mensual es de 50 céntimos, el más económico de entonces, aunque también se vende el número suelto a 15 céntimos. Por regla general, y por el carácter menesteroso de sus destinatarios, los periódicos obreros solían ser los más baratos del mercado.

3.    La estructura

La única sección fija que observamos en la publicación es el habitual breviario de gacetillas, noticias y sueltos, rotulado como «Crónica general» (incluye conferencias, nombramientos, mítines, bailes, fallecimientos, revista de prensa, sucesos, información social –Amor Sapientae, La Dramática, Nuevo Club, Benahoare–, etc.), por regla general ubicado en la tercera página, que alcanza también parte de la cuarta. Las dos primeras páginas son básicamente de opinión, con algunos artículos y crónicas, que firman, entre otros, el poeta Antonio Hernández Capote (1868-1926), que fue redactor-jefe de La Justicia (1898-1899), el conocido periodista, prototipo de la bohemia, Joaquín Dicenta [Benedicto] (1862-1917), y los que lo hacen bajo los seudónimos Magueyfe o Jobero. También se incluyen textos literarios, suscritos por A.F. (¿Antonio Fernández Pérez?) o R. (un poema) y Perdigón (un cuento). Para la publicidad, que se oferta a precios convencionales, se reserva, como en otros periódicos, la última página. Pero es escasa, y apenas incluye los anuncios de pequeños establecimientos: Establecimientos de ultramarinos y ferretería de Miguel García y Hermano, panadería La Corona (y la harina del mismo nombre), las clases de francés e inglés de don Baldomero Cerviá Noguer (1871-1955) y la consulta del Manuel Reyes Díaz (1869-1922) como cirujano-dentista[8], sin presencia, por lo tanto, de los dos grandes anunciantes de la época: los comerciantes y consignatarios Juan Cabrera Martín e Hijos de Juan Yanes. En realidad, tampoco nos extraña. Es más, La Voz del Obrero, el anterior proyecto de prensa obrerista de Guerra Cabrera, no admitía publicidad. Téngase en cuenta que, como divisa, la prensa obrera consideraba con desdén la competencia con el lector y el anunciante[9].

4.    Orientación política y línea editorial 

La Disciplina, pues, es un periódico obrerista, en la línea de La Voz del Obrero (herederos ambos de El Fiscal) al que viene a sustituir y en la órbita del socialismo cristiano (más que del catolicismo social) y de la prensa social-cristiana que representará siempre Julián Guerra. Y decimos bien obrerista, y no obrero, porque la  prensa obrerista, a diferencia de aquella, es la que, aunque trata de temas obreros, quiere dirigirse a ellos y defiende sus intereses, no está hecha desde sus posiciones de clase, esto es, no está hecha por los propios obreros.[10]

El semanario se autoproclama órgano de la sociedad escolar de obreros de La Palma, de la que su director es presidente, y que es una asociación instructiva fundada en Santa Cruz de La Palma en 1902 con el propósito de crear escuelas de instrucción primaria gratuitas para hijos de obreros (que inauguran en 1903), organizar conferencias y fundar un periódico y una biblioteca. A su junta directiva pertenecen algunos de los periodistas más distinguidos de la isla de ideología socialista o republicana: Antonio Fernández Pérez (subdirector), Luis F. Gómez Wangüemert (vocal 1º), Domingo Acosta Guion (vocal 2º), Pedro Rodríguez y Rodríguez (secretario) o Hipólito Pestana Henríquez (vicesecretario)[11], que probablemente colaboren en el periódico. Por lo tanto, más que una sociedad fundada por obreros es, como ellos mismos reconocen, una sociedad creada por «varios amigos entusiastas y defensores de la noble causa del proletariado, […] que tiene por objeto la enseñanza gratuita de la clase obrera».[12]

La Disciplina intenta mantener cierta independencia de los partidos políticos, o cuando menos sostener una relación cordial con todos, divisa que caracteriza los proyectos periodísticos de Guerra Cabrera. De ello es buena muestra la designación al mismo tiempo como socios de mérito de la sociedad de Francisco Abreu y García (1861-1912), liberal, Alonso Pérez Díaz (1876-1941), republicano, y Manuel Lorenzo Mendoza (1872-¿), conservador[13], casualmente o no, a partir de 1911, hermanos masones en la logia Abora nº 331[14]. En cualquier caso, esta posición no implicaba desinterés alguno respecto de la política, puesto que el llamamiento a la clase obrera para que participe en ella y no se mantenga al margen, será una de las constantes de su línea editorial:

Es necesario, trabajadores, que todos, pero absolutamente todos, dejemos esa apatía o indiferencia que sentimos hacia la política.

Debemos abrir los ojos a la verdad; el permanecer por más tiempo en la obscuridad y la incertidumbre, en lo que a la política se refiere, sería un crimen que nuestros hijos no deben perdonar.

Con la política logrará el obrero que haya escuelas, con buenos maestros y mejor pagados; logrará que las contribuciones que pesan sobre nosotros vayan sobre los ricos, y hará que se les legisle mejor; que las leyes no tengan dos caras, una para nosotros y otra para ellos; alcanzará leyes que reglamenten las horas de trabajo, y otra porción de cosas muy necesarias, que, mientras vivan en la indiferencia, no podrán alcanzar.[15]

Los contenidos, por fin, incluyen fundamentalmente información obrera y local. Se exhorta la participación política del obrero, se promueve la instrucción de este, para lo que se pretende crear un centro instructivo, y se llama a la juventud obrera a que acuda a ese centro instructivo obrero, porque a través del mismo, del libro y del periódico, puede conseguir su emancipación.

La juventud obrera de esta Ciudad es la llamada por medio de sus generosos impulsos á servir de sostén al Centro Instructivo, para recibir en él la instrucción necesaria de que carece y después llevar al hogar doméstico el convencimiento pleno de los beneficios que reporta a la clase la emancipación de las mismas.

Vengan todos los obreros al Centro Instructivo, reciban allí el pan del alma, y con seguridad veremos muy pronto la inercia y el desaliento trocados en actividad y esperanza y después la emancipación de los que sufren pacientemente el férreo yugo de los explotadores de nuestro trabajo.[16]

Entre el resto de las informaciones, nos encontramos con artículos sobre el alto precio del azúcar, pese a los ingenios y trapiches existentes en la isla, por los tejemanejes de la Compañía Arrendataria de Puertos Francos, los casos de difteria y la necesidad de que el ayuntamiento adquiera suero antidiftérico (reproducido de El Grito del Pueblo) para atender a los más menesterosos, para lo que se abre asimismo una suscripción, el alumbrado público (dirigido a la sociedad El Electrón), porque se apaga muy temprano, así como otros señalando a la envidia como culpable de la falta de progreso y de trabajo para los obreros en la isla o criticando al ayuntamiento por no dejar la escuela pública para la celebración de una conferencia de obreros. También incluye algunas crónicas sobre un mitin de Unión Republicana o un concurso de suelta de palomas menejeras, así como información sobre las bases de un concurso organizado por el Nuevo Club. En el ámbito internacional, puede citarse como particulares hechos noticiosos la claudicación de Puerto Arturo en la guerra ruso-japonesa o el denominado «Domingo sangriento» de San Petesburgo, una matanza de obreros que se manifestaban pacíficamente ante el Palacio de Invierno, residencia del zar Nicolas II, perpetrada por la guardia imperial rusa y ocurrida el 22 de enero de 1905 (La Disciplina da cuenta de esta noticia un mes después).

5.    Anselmo Julián Guerra Cabrera 

Julián Guerra, como era conocido, nace en Breña Alta el 22 de enero de 1875[17]. Maestro a la sazón, pues regentaba la escuela privada de niños de la sociedad El Amparo del Obrero, fue uno de los periodistas más destacados de la isla en el primer tercio del siglo xx[18], como baluarte de un periodismo obrero y católico, reflejo de su frustrada vocación sacerdotal. Después de dar sus primeros pasos como redactor de La Justicia, el semanario dirigido por Luis Méndez Franco, funda y dirige El Fiscal (1900-1902), La Voz del Obrero (1902-1904), La Disciplina (1905) y El Porvenir del Obrero (1907-1909), órgano de la sociedad de este nombre. En 1915 dirige la La Antorcha del Obrero (1915), que es el primer periódico que se distribuye en la localidad de su nacimiento. Más tarde, funda y dirige Regeneración Palmera (1926-1929), Acción Social (1931-1933), mientras fue semanario, y Patria y Letras (1934), órgano de las asociaciones católicas obreras y estudiantiles de la isla. Con todo, Julián Guerra fue más un gestor de periódicos que un redactor o columnista. Siempre en la vanguardia obrera en la isla, fue presidente de la sociedad escolar de obreros de La Palma (1902), vicepresidente de la sociedad El Amparo del Obrero (1903) y presidente y fundador de la sociedad El Porvenir del Obrero más de dos décadas (desde 1907 en adelante). En el ámbito de la educación, fue miembro de la junta directiva de la Asociación del Magisterio de la isla. Fallece en Santa Cruz de La Palma el 27 de enero de 1959[19]. 


[1] «La cuestión social». La Luz (Santa Cruz de La Palma, 16 de marzo de 1886), p. [1].

[2] «Sección provincial». El Criterio (Santa Cruz de La Palma, 8 de agosto de 1886), p. [2].

[3] Véase Macías Martín, F. J., Prensa y nacimiento del movimiento obrero en Canarias. El caso de La Palma: El semanario La Voz del Obrero (1902-1904), Ediciones Baile del Sol, Islas Canarias, 2001, pp. 38-61.

[4] Maffiotte La Roche, L. (1905-1906), tomo iii, p. 99 [n. 442]; Régulo Pérez, J. (1948b), n. 50, p. 371; Lorenzo Rodríguez, J.B. (2000), v. iii, p. 410; Poggio Capote, M. (2017a), p. 460.

[5] Esta dirección la confirma el nº 71 de Germinal. «Una conferencia». Germinal (Santa Cruz de La Palma, 2 de febrero de 1905), p. [2]. Dan cuenta del nacimiento del periódico, entre otros: El Tiempo (Santa Cruz de Tenerife, 27 de enero de 1905), Diario de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife, 27 de enero de 1905), La Opinión (Santa Cruz de Tenerife, 27 y 28 de enero de 1905), El Progreso de Canarias (Santa Cruz de Tenerife, 3 de febrero de 1905), Las Canarias (Madrid, 4 de febrero de 1905) y El Grito del Pueblo (Santa Cruz de La Palma), 4 de febrero de 1905.

[6] La biblioteca municipal de La Orotava lleva desde 2009 (en el que se ratifica un acuerdo plenario del Ayuntamiento de 1979) los nombres del matrimonio formado por Fernando del Hoyo-Solórzano y Laura Salazar, sus principales donantes.

[7] El último número conservado es el número 5, de fecha 23 de febrero de 1905.

[8] En realidad, tanto Baldomero Cerviá como Manuel Reyes Díaz eran dos compañeros de profesión periodística, y probablemente amigos de don Julián, Reyes Díaz también impresor en la extinta imprenta La Lealtad.

[9] Cruz Seoane, María & Saiz, María Dolores, Cuatro siglos de periodismo en España, Alianza Editorial, Madrid, 2010, p. 132.

[10] Tuñón de Lara, Manuel, «Prensa obrera e historia contemporánea», en VV.AA., Prensa obrera en Madrid 1855-1936, Comunidad de Madrid / Revista Alfoz, Madrid, 1987, pp. 24-25.

[11] El resto de la junta directiva lo compone: Juan Martín Lorenzo (vocal 3º), Leopoldo Fernández Sicilia (administrador) y Miguel Perera Pérez (bibliotecario). «La Junta Directiva de la Sociedad Escolar de Obreros de La Palma». La Voz del Obrero (Santa Cruz de La Palma, 2 de enero de 1903), p. 2.

[12] «A los obreros de La Palma». La Voz del Obrero (Santa Cruz de La Palma, 25 de diciembre de 1902), p. [1].

[13] «Isla de La Palma». La Opinión (Santa Cruz de Tenerife, 7 de diciembre de 1905), p. [1].

[14] De Paz Sánchez, M., (1998), pp. 335-336. Julián Guerra tenía un hermano que había sido masón en la logia Abora nº 91 (1889), Antonio Guerra Cabrera, propietario.

[15] «El todo». La Disciplina (Santa Cruz de La Palma, 8 de febrero de 1905), p. [1].

[16] «Emancipación». La Disciplina (Santa Cruz de La Palma, 17 de febrero de 1905), p. [1].

[17] Bdablp [1895-1900]. Aglp.

[18] Y para Poggio Capote, «uno de los intelectuales más activos en Santa Cruz de La Palma durante el primer tercio del siglo xx».

[19] Poggio Capote, M. (2017a), p. 196; Izquierdo [Pérez], E. (2005), tomo ii, pp. 114-115; Hernández Rodríguez, A., «In memoriam / Don Anselmo Guerra Cabrera». Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma, 3 de febrero de 1959), p. 2. Certificación de defunción. Registro civil de Santa Cruz de La Palma: libro 001417, tomo 0042, folio 079.

miércoles, 12 de febrero de 2020

PANCHO MARTÍN (1933-2020)

Francisco Martín Hernández, más conocido como Pancho o Panchito Martín (Santa Cruz de La Palma, 1933), fue la figura más destacada del baloncesto palmero durante casi tres décadas, primero como jugador y luego como entrenador y directivo.

Pancho Martín se convirtió pronto en el jugador más determinante del histórico Frente de Juventudes, el principal club palmero de los años cincuenta, que presidía su amigo Jaime García y García, cuando el baloncesto se centralizaba, después de muchos problemas con la cancha de juego, en la plaza de Santo Domingo. El Arsenal de un más talludito Elirerto Galván (también fallecido recientemente) era su principal adversario, entre otros equipos como la Peña Tajurgo, el Batallón o el Tenisca. Aquel equipo contaba, entre otros, con Idafe Santiago, Juan Hernández Chaleca, Lalo Pinto, Chachín Arozena, Manolo Cantillo, Pedro Miguel Santiago, Ernesto Zanoletty, Félix Poggio, Agustín Francisco, Blas Vandewalle o Ramón Acosta. 

Todavía se recuerdan sus memorables actuaciones, con apenas 20 años, ante el Náutico y el Canarias en el verano de 1953, que concluyeron con sendas victoria de los jóvenes palmeros (35-34 y 43-33, respectivamente), o contra el Náutico, ahora mucho más bregado, en el verano de 1960, ya con 27 años, representando a una selección de la isla, con la participación del mítico Antonio Díaz-Miguel. En esta época, en la que el Frente de Juventudes seguía ganando casi todas las competiciones (final insular contra el Aridane en 1960), la plantilla había incorporado a jugadores como Juan de la Barreda o Miguel Hernández, aunque continuaban pilares como Idafe, Pedro Miguel, Chachín o Manolo Cantillo. Era la primera liga verdaderamente insular (Rápido, San Fernando, Cervantes, Jorós, Comercio Arsenal).

Finalmente, ya en la Ciudad Juvenil (que también le debe mucho), en la temporada 1964-65, Martín terminará jugando en el San Fernando, campeón tres campañas seguidas, compartiendo galones con un imberbe Julio Plata, y donde también habían recalado Manolo Duque, Roberto Arozena, Miguel Hernández o Agustín Francisco.

Pero Pancho fue quizás más importante como entrenador que como jugador. Había comenzado también en los años cincuenta, dirigiendo a los juveniles del Frente de Juventudes. Ya en la década siguiente entrena al Instituto femenino (entre 1962-1965) y al San Fernando, conjunto que jugaría la primera eliminatoria por el ascenso a Segunda División en 1966, en enfrentamiento a doble vuelta contra el Náutico B. La plantilla incluía a Julio Plata, José Emilio, Manolo Jaubert, Jorge Morera, Paco Ayudarte, Juan de la Barreda, Carlos Martín o Isidoro Ramón.

Aun así, su principal contribución al baloncesto palmero será, sin duda, el Club Baloncesto La Palma, club creado en 1967 por Martín (y varios de sus amigos), que inaugurará, con su participación en la Tercera División Nacional en la temporada 1967-68, una nueva etapa de la historia del baloncesto insular (el primer club de la isla en participar en las ligas provinciales y regionales).

Pancho Martín dirige a la escuadra palmera durante nueve de sus diez temporadas de vida; pues solo fallará en la campaña 1974-75, en la que consigue hacerse con los servicios de Moncho Monsalve como preparador, hecho que se convertiría en otro punto de inflexión del baloncesto insular. Pero Martín siempre sería mucho más que un mero entrenador en el club que presidía su amigo Manolo Pérez Cantillo, en el que figuraba como vicepresidente, además de otros amigos, o su mujer, que siempre actuó como un vocal más del club.

El C.B. La Palma jugará cuatro temporadas en categoría provincial (Tercera División, Trofeo Padre Millán) –con dos títulos de campeón (67-68 y 73-74) y otros dos de subcampeón (tres ascensos) y seis en la competición regional (Segunda División, Trofeo Gonzalo Aguirre, o Tercera a partir de la temporada 1975-76), con el campeonato de la temporada 1975-76 (y dos meritorios 4º puestos: 70-71 y 76-77).

Entre los jugadores de la primera etapa, nos acordamos, entre otros, de Julio Plata, Carlos Martín, Manolo Jaubert, José Emilio de la Cruz, Emilio y Nono Guardia, Paco Ayudarte, Tino García, Carlos Bravo, Ramón Betancor, Rosendo Carballo o Juan Antonio Bermejo.

miércoles, 1 de mayo de 2019

CARLOS GARCÍA “MENOTTI”, EL BALONCESTO HECHO BALLET


Carlos García “Menotti” (Santa Cruz de La Palma, 1971) es un producto de explosión tardía de la antaño prolífica cantera palmera. La realidad es que apenas formó parte (ya en categoría juvenil) de la “legendaria” (en términos baloncestísticos insulares) Escuela 71, la representación más avanzada de esa generación en la isla que dirigía Manolo Jaubert. Fueron su envergadura, su versatilidad (para jugar por dentro y por fuera) y su facilidad para aprender (las pachangas entre amigos en el instituto tuvieron mucho que ver) los que hicieron posible que se fijara en él uno los clubes tinerfeños más cuidadosos con la cantera, el Unelco, con el que debutó ya en categoría júnior, casi veinte años después de que lo hicieran históricos de nuestro baloncesto como Alejo Cabrera y Carlos Navarro Emiliano.
Unelco Tenerife júnior 1990-91
García fue campeón de Canarias de aquella categoría en la temporada 1990-1991, en un equipo donde también aterrizaron tres promesas del Valle de Aridane: José Fernández "Pasarela", Moisés León y Javi Díaz. Con los “eléctricos” jugaría en Segunda División en la temporada siguiente, la 1991-92, con el nombre de Tenerife UB (el primer intento de unión del basket tinerfeño), bajo las órdenes de José Carlos Rivero y con otro palmero de compañero, José Alfredo Escobar. 
Tenerife U.B. 1991-92

C.B. Canarias 1993-94
Su evolución entonces (con una habilidad innata para el rebote y el tapón y con un tiro que mejoraba por momentos) era meteórica porque en la temporada 1992-1993 recalaría en el C.B. Canarias de La Laguna en Primera División (Primera B), donde jugaría dos temporadas (en este caso compartiendo vestuario con Pipi Cabrera y, en el segundo año, con Juan Méndez). Luego, durante siete temporadas (1994-2001), formará parte destacada del proyecto unificado (Tenerife Canarias SAD), las primeras dos en la Liga EBA pero las cinco siguientes en LEB o LEB Oro, con varios intentos frustrados de ascenso a la Liga ACB.
Tenerife Canarias SAD 1998-99

C.B. Canarias 2001-02
Al Canarias original, todavía en EBA, vuelve en la temporada 2001-2002, temporada en la que el histórico club de La Laguna asciende a LEB-2 (escalón imprescindible camino de lo que es hoy el Iberostar Tenerife), y donde también juega la temporada siguiente. Ya con más de treinta años recala en el C.B. Tacoronte en la Liga EBA (Quintercón) con los que, siendo uno de sus jugadores de referencia, disputa cuatro temporadas más (2002-2007). 

Por fin, los últimos años formará con ilustres veteranos un equipo de amigos (Fernando Angulo o Edgar Núñez) que se mostrará casi imbatible en la Primera Insular Sénior de Tenerife, el C.B. Los Corales, con los que se divierte al menos hasta 2013, con más de cuarenta años.
Capri Basket 1989
En La Palma disputó muchas competiciones de verano (tanto en Santa Cruz de La Palma como en Los Llanos de Aridane), compartiendo equipo (Capri Basket) con la mayoría de sus compañeros de generación. En la capital insular fue campeón en 1991. Por lo tanto, en su larga trayectoria deportiva, el “Flaco” (de ahí su apodo) disputaría como profesional o semiprofesional en categoría sénior siete temporadas en Primera B o LEB Oro, una temporada en LEB-2 y otras siete temporadas en EBA, sin perjuicio de su primer curso en Segunda División. Es, por méritos propios, ex aequo con Pipi Cabrera, nuestro mejor jugador de la década de los noventa.
Capri Basket 1991


sábado, 10 de marzo de 2018

SOBRE EL DOSSIER DE LAS MUJERES SIN ROSTRO, DE ÁNGEL ARRIBAS


Si una frase define el libro de Ángel Arribas es esta: “Un buen libro es aquel que se abre con expectativas y se cierra con provecho”, de Aimos Bronson Alcott, escritor y educador estadounidense, padre de la autora de Mujercitas. Y pronto veremos por qué.

Pero antes digamos algo del autor.

Ángel Arribas nace en Madrid casi por accidente (quizá lo explique él). De pequeño quiere ser piloto de aviación militar y más tarde médico. Vive su adolescencia en un internado católico de los padres redentoristas cerca de Miranda de Ebro (Burgos, en el monasterio del Espino), donde aprende los valores más importantes, incluidos la vocación de servicio, el respeto y el interés por la cultura. Luego, aunque en la Universidad se inicia en Medicina, termina por estudiar Sociología. En cualquier caso, Ángel va a ejercer profesionalmente –por esos misteriosos designios del destino– como informático o jefe de informática, primero, en varias empresas transnacionales (ITC, Americam Express, Grupo Meliá) y, más tarde, en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid. Trabaja también como formador y como docente en la misma universidad y, entre otros, en el prestigioso Instituto de Empresa (IE).

Ha escrito siete libros más, todos en su madurez: Llora como mujer, El día que aprendí a flotar, la trilogía TIC (El conflicto de las dos Coreas, El secuestro de Felipe VI y La condición Mittel), La estirpe, y el relato juvenil Noa, la maltesa traviesa. Dile a Laura que la quiero (sobre el acoso que sufren las mujeres en las redes sociales) es su nuevo proyecto narrativo. Hoy colabora, además, en varios programas de TV en sus secciones literarias: “Sentido literario” (Canal 33-Madrid) y “Sopa de letras” (copresentador, Vive TV España).

Arribas es una persona que, como buen epicureísta, disfruta de las cosas sencillas, y un modesto escritor que, como los protagonistas de su libro, pretende despertar algunas conciencias, proscribir el silencio, porque como él dice “hay mucha más gente buena que gente mala”, lo que ocurre es que no hace tanto ruido.
...
Sobre El dossier... Ángel Arribas ha dicho que es una novela dentro de otra novela. Afirmación que leemos incluso en el relato. Pero yo creo que El dossier… no es solo una novela dentro de otra, sino muchas novelas dentro de una novela. En el libro de Ángel confluyen muchas historias (la mayoría reales) que terminan por atraparnos, que generan un interés inusitado, que producen avidez por conocer su intrahistoria y su desenlace:

a)   Las historias silenciadas de tantas mujeres ultrajadas y torturadas brutalmente durante la Segunda Guerra Mundial, no solo por los nazis sino también por los ejércitos de las potencias vencedoras.
b)  La historia de dos diplomáticos españoles: Ángel Sanz Briz y Sebastián de Romero Radigales que salvaron a muchísimos judíos de ser deportados a los campos de exterminio nazis en Budapest o Grecia (en Salónica o en Atenas). Dos historias apasionantes.
c)  La historia de un submarino alemán (U-boote) que debía rendirse a los ingleses y que tardó -inexplicablemente- más de una semana en llegar a su destino, y que al tiempo da pie para incardinar otra historia más: la de la muerte de Hitler, si realmente se suicidó en el bunker, o escapó a Barcelona o a Canarias, de camino a Sudamérica.

Pues bien, todas estas historias navegan de forma amena sobre el imaginario de ficción, la historia de amor entre los protagonistas y las “tribulaciones” del dossier de marras, una carpeta que recoge todo tipo de información sobre aquellos hechos, formando un todo inseparable.

Pero el libro de Ángel logra también que ese interés por todos esos acontecimientos rebase la propia novela.